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Cuando la rentabilidad social y financiera son posibles

Hace unas semanas, milagros de la TDT, acabé viendo en directo la presentación del libro de Mario Conde “Los días de gloria”. El Sr. Conde, ante un auditorio entregado de más de 100 personas, estaba comentando la crisis del sistema financiero, sus causas, haciendo especial hincapié en las causas morales.

En ese mismo momento me acordé de la última película de Oliver Stone, “Wall Street, el dinero nunca duerme”, continuación de la afamada “Wall Street” de los 80. Si habéis visto alguna de las dos películas, conoceréis a Gordon Gekko ese tiburón financiero de ficción que se hizo famoso por frases como  “lo importante es el dinero, el resto es conversación.”

Y curiosamente (o no) el discurso de los dos personajes, el de realidad y el de ficción, eran muy parecidos.

Lo que no es tan curioso es que este tipo de radiografías del sistema financiero (y de la ingeniería oculta tras los productos financieros) lleguen a las pantallas y a las librerías en un momento en el que las entidades financieras no gozan de excesiva popularidad. Todavía nos acordamos, aunque cada vez menos, de los rescates acometidos por los gobiernos americanos y europeos, y se habla de la necesidad de revisar las reglas de juego de este sector estratégico.

Ya pocos niegan que durante años en el mundo financiero “a gran escala” se ha trabajado bajo unos parámetros de maximizar la rentabilidad económica sin reparar (casi) en el coste, pero no es menos cierto, que como en los comics de Asterix, en el mundo financiero también hay indestructibles aldeas galas, que han desarrollado durante años productos con una filosofía un tanto distinta, enmarcados generalmente en el ámbito de la responsabilidad social empresarial: los fondos socialmente responsables  que responden a una filosofía de inversiones éticas.

La idea fundamental que subyace en este tipo de inversiones socialmente responsables (ISR) es la de no beneficiarse de temas considerado inmorales para el inversor como son, por ejemplo, el armamento, la contaminación, el juego, la esclavitud infantil, el tabaco o el alcohol. Su irrupción en el mercado supuso una verdadera revolución por el hecho de incluir otro tipo de parámetros, más allá del binomio rentabilidad – riesgo a la hora elegir un fondo de inversión (según el Observatorio de la Inversión Socialmente Responsable 2010, en la actualidad, existen en España 13 fondos de pensiones integrados con criterios sociales, medioambientales y de gobierno corporativo que cuentan con un patrimonio de 12.881,5 millones de euros y con un total de 194.373 partícipes).

Pese al avance que supone la ISR, este acercamiento del mundo financiero a “lo social” ha sido y es criticado (tanto por unos como por otros). Desde el mundo social se destaca la poca ambición (filosofía de mínimos en cuanto a las temáticas consideradas como “éticas”) y escaso alcance (poca penetración en el mercado) de este tipo de inversiones. Y desde el mundo económico, en cambio, se critican por una supuesta menor rentabilidad y por la dificultad para diversificar el riesgo (al haber menos opciones).

Parece, por tanto, que el atractivo de la ISR disminuye al no ser ni suficientemente atractiva desde una perspectiva económica, ni suficientemente respaldada por el ámbito social.

Probablemente esta ha sido una de las razones por las que el mundo social ha diseñado y promovido una nueva herramienta, un nuevo concepto, para aproximarse al mundo financiero: las finanzas sociales.

Las finanzas sociales se basan en un modelo alternativo de inversión que busca maximizar la rentabilidad económica y el impacto social mediante la colaboración de inversores privados en la financiación de programas de carácter público. Algunos dan un triple salto con tirabuzón y buscan el “triple balance” (desarrollo sostenible), añadiendo a la ecuación de maximizar el impacto económico y social la variable medioambiental.

Parte de la premisa de que los recursos públicos son limitados (y aún más en época de crisis, ¿no?) y que muchas veces, ante esa escasez de medios, el criterio de urgencia prima sobre el criterio de relevancia (o impacto positivo real). Esto implica que para un Gobierno, en el momento de mayor necesidad social y cuando dispone de menos recursos, el invertir dinero público en prevención sea cada vez más difícil: cuando existen necesidades sociales apremiantes es difícil pensar en las futuras (lo llaman ciclo negativo del gasto).

Ahí es donde las finanzas sociales defienden el papel del sector privado que, como agentes que pueden disponer de liquidez y siempre por una rentabilidad atractiva, está dispuesto a asumir el riesgo de financiar actividades de prevención de carácter social. Estos agentes  (comunidades, empresas, asociaciones, fondos, etc.) invertirían su dinero en programas de prevención, “descargando” a la Administración de parte del coste, obteniendo interesantes rentabilidades (entre el 8%-12%) siempre que se alcanzasen unos objetivos. Esto significa que si no se obtuviese el resultado (y el impacto) previamente acordado por ambas partes, sería el inversor privado el que asume el coste de la inversión (el riesgo es suyo, por tanto).

Fuente: Social Finance UK

Las finanzas sociales son, por tanto, una iniciativa de colaboración público – privada interesante más si cabe en esta época de escasez de recursos públicos, aunque como toda nueva apuesta también entrañe riesgos. En mi opinión el mayor viene dado por la fijación de los indicadores de medición del éxito de estos proyectos financiados. Es decir, el cómo medimos el impacto social real de la inversión (el resultado). No vaya a ser que esta herramienta se convierta en una especie de “bonos del Tesoro” con rentabilidad garantizada o, peor aún, no vaya a ser que se convierta en una privatización encubierta de lo público en el peor sentido del término (peor servicio y a un coste menor).

Algunos links de interés sobre este tema:

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One Comment

  • Paul Ortega dice:

    Buenísimo post, Goizalde!
    Me parece que tratas sobre un instrumento absolutamente clave para el desarrollo del llamado Cuarto Sector y las iniciativas de innovación social. Keep the line! Paul

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This entry was posted by Goizalde Atxutegi on 31 Enero, 2011 at 10:10 and filed under Sin categoría category.

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