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El desafío inevitable

Como muchos sabéis el reto demográfico es, hoy por hoy, uno de los grandes retos de nuestra sociedad: somos sociedades envejecidas y de poca natalidad, y somos también partícipes de flujos migratorios globales que  promueven cambios profundos en nuestras sociedades.

En el marco de esa “preocupación”, de esa necesidad de dar respuesta a parte de ese “desafío inevitable”, el i-Talde de Envejecimiento de Innobasque lleva trabajando desde 2009 en la necesidad de poner en valor el envejemiento (como proceso que nos afecta a todos y como estado, el de la vejez al que todos aspiramos llegar).

El envejecimiento como un logro, personal y social y también como una oportunidad de desarrollo económico y social para Euskadi. 

El pistoletazo de salida  a su proyecto lo da este relato que hemos titulado el “Desafío inevitable”.

Espero que os os soprenda, os guste y podemos contar con vuestra complicidad en las iniciativas que vamos a emprender este mismo mes de noviembre. Os mantendremos informados, pero guardaos el 25 de este mes en la agenda! :)

El desafío inevitable

Estoy envejeciendo, mejor dicho, estamos envejeciendo. Hemos conseguido cumplir más años. Como persona, pero también como sociedad. Hemos conseguido vivir más, o lo que es lo mismo, envejecer. Y en mejores condiciones.

Hace no  mucho por ejemplo  las empresas no formaban a su plantilla de más de 45 años; o la edad límite para aspirar a una plaza de policía local era de 35 años; o los trasplantes, un bien escaso, estaban limitados a menores de 45 años.

¿Por qué? Se consideraba que eran demasiado mayores. En el fondo siempre eres demasiado viejo para hacer algo. Un miembro del iTALDE  de Envejecimiento recuerda la primera vez que sintió que se hacía mayor: cuando no le dejaron entrar en el Chiquipark, tenía 6 años. 

Sin duda poder envejecer es un avance, un logro, pero actualmente es sobre todo un desafío personal y social. Estamos ante un nuevo escenario, tan desconocido como inevitable. La población mayor ha crecido más rápidamente que cualquier otro grupo. En 2010 ha alcanzado los 425.900 ciudadanos (aproximadamente el 19% de la población de la CAV). En 2025 seremos el 25%, y en 2050 superará el 35%. Dicen que somos el país más viejo, tras Japón.  ¿Dónde está el problema?

Esta frase parece que anuncia un problema. ¿Vejez sinónimo de problema? En cualquier caso no es un algo ajeno, de otros. Sino nuestro, de todos, y  de cada persona. Bueno, si no quieres una sociedad de personas cada vez más mayores hay otras alternativas.  De hecho hay países que no tienen este “problema”. La esperanza de vida en Burundi es de 35 años. ¿Quién tiene el problema? ¿Quién quiere librarse  del “problema”?

Yo también estoy envejeciendo, repito, más allá de la broma. ¿Pero, por qué asociamos edad mayor con problemas? ¿Será porque apenas esperamos nada de los mayores? ¿Han dado todo lo que tenían que dar? ¿“Están amortizados”? ¿Son, o soy, o somos como un coche descacharrado? Claro que mientras ande, mientras no tenga averías…

Envejecer a partir de un momento está ligado a ciertas necesidades de apoyo, pero hoy en día, y gracias a los avances socio-sanitarios este apoyo va retrasando su aparición. A pesar de los mitos. Cada vez es menos real asociar envejecimiento a dependencia. Como vivimos más, cada vez hay más personas mayores dependientes. Pero como vivimos más cada vez también hay más personas mayores no-dependientes.

Monetizamos la vida.  La traducimos en euros. No es algo exclusivo de una edad o de un grupo social, pero sucede especialmente con la edad avanzada. ¿A quién no le preocupa cómo vamos a financiar las pensiones, el gasto sanitario, o  las residencias? Los medios de comunicación lo recuerdan con frecuencia. Pero  ¿por qué en cambio apenas se habla de la columna del “haber”? ¿Cuántos mayores son los verdaderos garantes de la conciliación familiar y social? ¿Cuántos mayores cuidan de sus nietos, de su familia, o de otros mayores, o hacen voluntariado? ¿O cuánto empleo, cuánto I+D+i se desarrolla en torno al envejecimiento?

La edad de jubilación laboral no supone un cierre de actividad, pero parece que lo que se hace a partir de una edad se hace invisible a ojos de la sociedad. ¿Qué pasaría si se hiciera visible? ¿Sabemos gestionar una actividad no-remunerada, una participación sin recompensa monetaria? ¿Será esto un incentivo peligroso? Queremos seguir. Seguir contando. Seguir existiendo a lo largo de toda la vida. Mirar y ser mirados, sin cerrar puertas a nadie, compartiendo también la cuarta etapa de nuestra vida.

Envejecer es inevitable, ¿podemos renunciar? ¿Cómo vamos a incorporar este tiempo? ¿Cómo queremos habitarlo? No es cosa solo de los mayores 

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One Comment

  • Paul Ortega dice:

    ¡Brillante post!

    Ahora que empiezo a notar la vista cansada y hacer (un poquito, aún) esfuerzo para leer de cerca, empiezo a entender mejor la reflexión y el potente trabajo de vuestro i-talde. Zorionak eta aurrera!

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This entry was posted by Goizalde Atxutegi on 8 Noviembre, 2010 at 13:47 and filed under Sin categoría category.

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